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COLUMNA DE SANDRA SÁNCHEZ EN CÓDIGO DE ROCK

Peter Thiel, inteligencia artificial y las preguntas que abrió una audiencia en Diputados

La columna de Sandra Sánchez, puso el foco en la llegada a la Argentina del empresario tecnológico Peter Thiel y en las advertencias planteadas por especialistas durante una audiencia informativa realizada en la Cámara de Diputados de la Nación.

Durante su habitual columna en Código de Rock, por Om Radio, Sandra Sánchez abordó uno de los temas que, según planteó, tendrá un impacto cada vez mayor sobre la sociedad: el avance de la inteligencia artificial y su relación con la política, los Estados, la seguridad y los recursos naturales.

El punto de partida fue una audiencia informativa realizada el 28 de agosto en la Cámara de Diputados, en la que participaron legisladores y 32 especialistas vinculados con la ciencia, la tecnología, las ciencias políticas y sociales. La pregunta que atravesó el encuentro fue directa: “¿A qué vino Peter Thiel a la Argentina?”

Para Sánchez, la discusión excede ampliamente la figura de un empresario tecnológico. Durante la columna destacó particularmente la exposición de la abogada e investigadora Micaela Mantegna, quien, según relató, planteó que Thiel representa una combinación de tecnología, política y una determinada concepción del mundo.

La discusión aparece vinculada también con Palantir, empresa relacionada con Thiel y dedicada al desarrollo de herramientas tecnológicas y de análisis de datos para distintos organismos y Estados. Según lo expuesto durante la columna, esas herramientas incluyen aplicaciones vinculadas con defensa, seguridad, migración y otras áreas estratégicas.

Inteligencia artificial y poder

Uno de los principales interrogantes planteados durante la conversación fue hasta dónde puede llegar la incorporación de inteligencia artificial en estructuras estatales.

Sánchez manifestó su preocupación ante la posibilidad de que este tipo de tecnologías sean incorporadas a áreas sensibles del Estado, mencionando, entre otras posibilidades, los sistemas bancarios y de seguridad.

La periodista también hizo referencia al uso de tecnologías autónomas en escenarios bélicos y a la discusión sobre las denominadas armas autónomas letales, señalando que el desarrollo de estos sistemas abre interrogantes sobre el papel que puede llegar a ocupar la inteligencia artificial en decisiones que afectan directamente la vida humana.

En ese sentido, la columna planteó una cuestión de fondo: si una tecnología puede intervenir en la identificación de objetivos, personas o amenazas, ¿quién establece los criterios y quién asume la responsabilidad cuando el sistema se equivoca?

Migración, vigilancia y datos

Otro de los puntos abordados fue el vínculo entre Palantir y organismos de seguridad estadounidenses, particularmente en relación con la información utilizada para identificar y perseguir a personas migrantes.

La conversación también llevó el debate hacia una pregunta más amplia: quiénes podrían ser considerados “terroristas” o amenazas en el futuro y quién tendrá la capacidad de definir esas categorías.

Para Sánchez, el problema no se limita al ámbito militar. La utilización de grandes volúmenes de información y sistemas de inteligencia artificial podría extenderse a diferentes áreas de la administración pública y de la vida cotidiana.

Argentina como posible “laboratorio”

Uno de los conceptos centrales de la columna fue la posibilidad de que Argentina sea utilizada como un espacio de experimentación para determinados proyectos tecnológicos.

Sánchez vinculó esta hipótesis con el interés por determinadas condiciones naturales presentes en el país, especialmente en el sur argentino. Los grandes centros de procesamiento de inteligencia artificial requieren enormes cantidades de energía y sistemas de refrigeración, lo que implica también una importante demanda de agua.

En ese contexto, durante la conversación apareció Tierra del Fuego como uno de los puntos que, según lo planteado, podría resultar estratégicamente atractivo para el desarrollo de infraestructura tecnológica.

La columnista relacionó esta cuestión con los cambios regulatorios y económicos impulsados en el país y con la discusión sobre la extranjerización de tierras y el denominado “RIGI”, planteando interrogantes acerca de qué condiciones se están generando para la llegada de grandes inversiones tecnológicas.

Un modelo de sociedad en discusión

La columna también se detuvo en las ideas políticas atribuidas a Thiel y a sectores vinculados con el denominado “tecnofascismo” y con proyectos de sociedad fuertemente atravesados por la tecnología.

Según el análisis presentado por Sánchez, se trataría de una concepción que imagina un futuro en el que las grandes corporaciones tecnológicas podrían adquirir un poder creciente frente a los Estados y donde la tecnología tendría un papel central en la organización social.

En ese marco apareció también el concepto de una sociedad “hipercapitalista”, en la que el Estado perdería capacidad de regulación sobre determinadas actividades privadas, mientras las empresas tecnológicas conservarían una enorme capacidad de influencia.

El desafío de la comunicación

Hacia el final de la columna, Sánchez puso el foco en otro aspecto que considera fundamental: la manera en que la sociedad recibe y procesa la información.

Las redes sociales, recordó, se convirtieron en uno de los principales canales de comunicación y distribución de contenidos, en plataformas cuyo funcionamiento depende cada vez más de sistemas algorítmicos y de inteligencia artificial.

Frente a ese escenario, planteó que la respuesta no debería ser mirar hacia otro lado, sino informarse, discutir y desarrollar nuevas formas de creatividad, resistencia y participación.

“Si seguimos mirando para el costado va a ser peor”, fue una de las conclusiones planteadas durante la conversación.

La columna cerró con tres preguntas atribuidas a Micaela Mantegna que, para Sánchez, sintetizan buena parte de las preocupaciones expuestas: qué redes tiene instaladas Peter Thiel en Argentina, quiénes lo habilitaron y qué ocurriría si el eventual daño producido por estos procesos fuera irreversible.

Más allá de las posiciones políticas que puedan existir alrededor de Peter Thiel, la discusión planteada en la audiencia informativa abre un debate que trasciende a una persona o una empresa: qué lugar ocupará la inteligencia artificial en el Estado, quién controlará esas herramientas y qué límites deberían establecerse antes de que determinadas decisiones queden en manos de sistemas tecnológicos.

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