Catupecu Machu, regreso y reencarnación a corazón abierto

Foto Cris Sille
Foto: Cris Sille

Aunque su líder Fernando Ruiz Díaz prefiera hablar de reencarnación en vez de regreso, a partir de la presencia en su formación de algunos nuevos integrantes, Catupecu Machu mostró en la noche del pasado sábado  en el Movistar Arena que ambos conceptos, lejos de presentarse como opuestos, pueden convivir en esta nueva etapa del grupo.

Es que la banda puso en escena la apasionada entrega y destiló la adrenalina que la caracterizó en sus casi tres décadas de existencia, pero a eso le sumó una emotividad que se mantuvo a flor de piel a lo largo de todo el concierto, a partir de la constante evocación al recordado Gabriel Ruiz Díaz, la otra mitad fundadora del grupo, y el orgullo puesto en evidencia por Fernando por su paternidad.

Y aunque es verdad que la formación cuenta con sangre renovada con la inclusión del baterista Julián Gondell y el bajista Charles Noguera, los socios de Fernando en Vanthra, su más reciente proyecto musical; el regreso del histórico Abril Sosa permite establecer un lazo directo con su pasado más glorioso.

En ese contexto, la esencia de Catupecu Machu tomó cuerpo en enérgicas interpretaciones de sus grandes clásicos y se proyectó hacia el futuro, con el estreno de un tema que será parte de un nuevo disco y una agenda que prevé para el resto del año recitales en distintos puntos del país y en ciudades europeas, que dan la pauta que la banda está definitivamente de vuelta.

En poco más de dos horas y media de concierto, con un Fernando Ruiz Díaz locuaz y sobreexcitado como siempre, pero además emocionado como nunca, el grupo cargó de electricidad el ambiente a fuerza de distorsión y alto volumen.

Foto Cris Sille
Foto: Cris Sille

Así fueron desfilando, con distintas intensidades, una veintena de grandes éxitos que provocaron una acalorada respuesta del público, que no paró de cantar, saltar en las plateas y hacer pogo en el sector del campo.

La banda contó además con algunos invitados de lujo, como Lisandro Aristimuño, Fabián “Zorrito” Von Quintiero, el violinista Javier Casalla, Lula Bertoldi, Barbarita Palacios y Ana Durañona.

En tanto que, a medida que iba avanzando el concierto, el líder del grupo fue derribando la “cuarta pared”, contando entretelones de la preparación del show, revelando que horas antes había estado con fiebre y no había podido ensayar, haciendo partícipes a los presentes de su día a día como padre de Lila, su hija de diez años, o evocando a su hermano fallecido en 2021, luego de estar postrado desde 2006 por un accidente automovilístico.

Incluso, el show, que había iniciado con una precisión de relojería, se fue descontracturando a medida que se acercaba el final, hasta desembocar en un relajado cierre, con interrupciones en medio de las canciones en pos de ser partícipes de lo que ocurría debajo del escenario.

Sin embargo, la indiscutible potencia y la pericia de la banda no corrió peligro en ningún momento, en un terreno en donde Fernando hizo tronar su guitarra, con una buena combinación en iguales dosis de riffs y punteos; Charles Noguera abordando el bajo desde un excelso concepto guitarrístico; y Abril Sosa y Julián Gondell a dos baterías, que podían ir en sincronía o combinarse para crear una mayor densidad sonora.

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Foto: Cris Sille

A pesar de ello, hubo rotación de instrumentos en varios pasajes y tanto Abril, como Noguera y Gondell tocaron la guitarra, así como Fernando se hizo cargo del bajo.

Sin grandes preámbulos, el cuarteto puso en marcha el concierto con una potente batería de canciones conformadas por “Óxido en el aire”, la celebrada “Y lo que quiero es que pises sin el suelo”, “Perfectos cromosomas”, “Secretos pasadizos” y “Plan B”.

“Gracias por estar siempre, mis amores”, vociferó el líder en medio de las interpretaciones, del mismo modo que gritó el nombre de su hermano en varias ocasiones, lo cual arrancó más ovaciones.

Todo esto sucedía en medio de un torbellino de luces, que se combinaban con cuatro paneles en el rol de modernas pantallas de fondo, las cuales contrastaban con unas bucólicas cañas de bambú ubicadas a los costados del escenario.

Sin perder la fuerza sonora, “Grandes esperanzas” y “Puedes” bajaron un poco el tempo, al igual que “En los sueños”, que sin embargo presentó una densidad abrumadora.

Con el violín de Javier Casalla y las voces de Lula Bertoldi, Barbarita Palacios y Ana Durañona, como invitados, “Musas” abrió un bloque acústico que tuvo como protagonista excluyente a Fernando.

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Foto: Cris Sille

Solo con su guitarra acústica, aunque –fiel a su estilo- con un efecto de distorsión, el líder aprovechó este pasaje para empezar a abrir las puertas de su intimidad; entonces, su hija Lila, los recuerdos en torno a su hermano Gabriel y la fiebre padecida días antes del show comenzaron a ser temas fundamentales de sus alocuciones.

En ese contexto, estrenó “Primer movimiento”, una canción que avisó que será parte de un futuro disco del grupo, en una versión casi fogonera; y en la misma tesitura desempolvó “Cuadro dentro de cuadros”.

El cierre de este pasaje sumó a Abril Sosa en guitarra eléctrica para recrear “Entero o a pedazos”. Una falla en el efecto que debía sonar en el instrumento de su compañero, obligó a parar la canción para su resolución. “Esto es Catupecu, no es una película guionada”, justificó Fernando la movida.

Pero también volvió a abrir su corazón en ese instante, primero al incorporar al hijo de su compañero a las frases dedicadas a su propia hija Lila, y luego al lanzar una confesión, que fue tanto un gesto de amor hacia su coequiper, como una revelación sobre este reencuentro: “Lo más cercano que tengo a estar con Gaby es estar con Abril Sosa. Todo esto pasa porque él me llamó, así que un fuerte aplauso a él”.

“Hechizo”, el cover de los españoles “Héroes del Silencio”, devolvió el alto voltaje con la banda a pleno en el escenario, aunque con Julián Gondell en el rol de guitarrista, el cual mantendría también en “Origen extremo”. En “Confusión” regresó el formato de dos baterías, pero Fernando Ruiz Díaz y Charles Noguera intercambiaron instrumentos y permanecieron así hasta “Acaba el fin”, en una inequívoca incursión en el rock pesado.

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Foto: Cris Sille

“Los dejo con estas dos bestias humanas que tocan la batería”, dijo el líder dando paso a un soberbio solo en bloque de Abril Sosa y Julián Gondell. “Tocar con estos dos bateristas es un afano, ¿no?”, redundó Fernando cuando finalizaron.

El tramo final fue a puro hit y plena energía con “Eso vive”, “Metrópolis nueva”, “A veces vuelvo” con el público como única voz protagonista en su inicio, y “Magia veneno” con “El Zorrito” en el bajo y Lisandro Aristimuño en guitarra, como invitados.

Para el cierre con “Dale” definitivamente se abandonaron las formas y la versión se extendió por demás, con interrupciones en el medio para arengar al público y los dos bateristas lanzándose a la multitud. Quedaba todavía “Le di sol” para el cierre definitivo.

Catupecu Machu seguirá el 30 de junio y 1 de julio en el Club Paraguay de Córdoba, el 7 de julio en la Sala de las Artes de Rosario, y en octubre en Berlín, Barcelona, Valencia y Madrid con la “reencarnación” iniciada el año pasado en el Quilmes Rock. O el regreso, según cómo se lo mire.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202306/632132-catupecu-machu-regreso-reencarnacion-corazon-abierto.html